Existe una multitud de redes sociales que se pueden utilizar para investigar, y he descubierto algunas como Symbaloo o Blogger gracias a este curso. En cuanto a las otras, ya tenía perfiles y cuentas que utilizo de vez en cuando: Linkedin, Researchgate, Google Drive, etc. Cada una tiene un uso diferente, pero creo que comparten un objetivo común: conectar a los investigadores entre ellos.
Creo que las redes sociales para el investigador 2.0 tienen
pros y contras. La multiplicación y el solapamiento de las herramientas disponibles
hacen que sea difícil saber cuáles son las que más se adecuan a nuestra
investigación. Permiten dar más visibilidad a nuestra investigación, y conectar
con investigadores que tienen intereses comunes. En esto los veo cierta
utilidad. Por otro lado, su manejo, actualización, requiere un tiempo
considerable, que se podría dedicar a otros temas de investigación, por
ejemplo.
En un ámbito universitario cada vez más exigente en cuanto a
la cantidad y la calidad de las publicaciones que permiten proyectarse en una
carrera académica, el manejo de las redes sociales puede representar una
sobrecarga para los investigadores. Se ha convertido en una carrera permanente
hacia los méritos y la visibilidad, que tiene, a mi juicio, poco sentido. Es
más: puede ser peligroso en varios aspectos, por ejemplo, desde el punto de
vista de la salud mental y del bienestar individual.
Se nos exige ahora tener tiempo para impartir docencia, investigar,
publicar, estudiar, realizar tramites administrativos, y, además, gestionar
unas redes sociales. Estamos en un contexto lleno de instrucciones paradójicas,
ya que se nos pide centrarnos en nuestras investigaciones para publicar de
forma “eficaz”, a la vez que se nos obliga a cierta dispersión.

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